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Reseñas OCS

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SHARMA S., Robin, 1997, El monje que vendió su ferrari.
México:Plaza & Janés Editores, S.A.

Autor/-a de la reseña: José Esteban Ruiz Melo



UN DESTELLO DE CONCIENCIA
José Esteban Ruiz Melo

Es importante hacer mención que en el ejercicio de una profesión como en la vida tomamos un sendero de acuerdo a nuestra ideas, a nuestra percepción de lo real, sin embargo dicha percepción esta influida por n cantidad de condicionantes de caracter interno y externo que determinan en su conjunto el dote de nuestra personalidad y por ende de nuestra existencia.

El párrafo anterior sirve como preámbulo para tratar un tema que considero muy importante y que nos relata Sharma en su fábula "El monje que vendió su ferrari", el cuál quise traer a colación porque aún sobre esta vida vertiginosa en donde la técnica y la ciencia expanden las fronteras de lo imaginable, materializando novedades que no dejan de sorprendernos; sin embargo, no debemos perder de referencia que estas posibilidades existen gracias a un sistema biológico que cuenta con componente cuya sinapsis propicia los sueños, pero que depende de otros sistemas y de una energía para su funcionamiento, de nutrirse corporal y espiritualmente.

Es por ello que destaco la importancia del ser y de su rol en la vida, tal como lo destaca Sharma, en donde bien dice que el objetivo debe ser un vida feliz cada día y difiero en este sentido con Maquiavelo en cuanto al fin que justifica los medios, por una visión más humana sobre nuestro paso en esta vida en donde el disfrute, entiéndase de momentos positivos y negativos, debe ser un acto conciente del ahora, por eso los medios: la vida, debe estar llena de autoperfeccionamiento por lo que es necesario un cambio de mentalidad hacia un orientación específica acorde con la verdadera vocación, acompañada de un desarrollo constante, una disciplina rigurosa, una tendencia altruista, la noción de tiempo como regulador implacable y la plena conciencia de que la vida es ahora, es las palabras que lees en este momento y que espero provoquen una introspectiva, pues ya hemos notado que somos "carne y hueso" capaz de modificar y de potenciar el ambiente, proceso que también debiera ser interiorizado.

Nuestro paso e interacción por el mundo ha devenido en todo lo que conocemos y lo que nos espera por explorar y descubrir, en una realidad global que como mencioné, no deja de sorprendernos, pero que a su vez pone focos de alarma por el devenir actual donde además de problemas comunes en todo el espectro de la vida, es palpable la incertidumbre individual, manifiesto de que hay "algo" más detrás de nuestras percepciones, algo más humano, los motores primitivos que motivan nuestro actuar y que deben obedecer a leyes acordes a lo natural. Es nuestro deber parar hoy un instante para reflexionar sobre lo que somos como parte de un todo, y es nuestro deber dirigir nuestras acciones en un sentido gratificante, somos entes creadores y no productores, artesanos y no máquinas, somos interdependientes, por ello la importancia de cuidarse y cultivarse uno mismo, entendiendo esto, nuestra actividad cambiará de matiz hasta encontrar la combinación más armónica, sólo así florecerá el verdadero yo, y haremos de este mundo de competencia y devastación cuyas presiones incluso provocan suicidios, un lugar más armonioso y cooperativo en donde el verdadero conocimiento solo surge de tener una conciencia universal.

Como un sistema experto, no olvidemos que nuestra programación es ampliar la base de conocimientos, es desarrollarnos, gratificarnos y porque no, glorificarnos viendo nuestra luz interior, el eudemonismo deja de ser utopía cuando asumimos el reto de conseguirlo cada día, es por ello que soy "carne y hueso" con un destello de conciencia antes de hablar de tecnología.