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Internet pone la vida en el escaparate

Autor/-a: Cristina Sáez


Publicado originariamente en suplemento del sábado de La Vanguardia


Con webs como MySpace o Facebook, millones de personas parecen haberse puesto de acuerdo para colgar en internet sus hobbies, sus preferencias, sus fotos, incluso sus aspiraciones. ¿Es por deseo de ayudar a los demás o por simple exhibicionismo?

Cuando la_minouche conoció a Kan, hace ya un par de años, pensó que quizás sería buena idea abrir un blog a través del cual explicarle a su nueva amiga de Shangai cómo era la vida en Barcelona. Con fotos, pequeños textos e incluso algún que otro vídeo corto, le ha ido contando a lo largo de este tiempo qué eran los castells o un correfoc; un domingo por la mañana de tapas en la Barceloneta; la noche de Sant Joan o un concierto del Summercase. De hecho, desde que tiene blog, esta internauta confiesa que no sale de casa sin su cámara digital o su móvil, con los que siempre está preparada y dispuesta a capturar pedazos de realidad.

“Me abrí el blog porque me apetecía contarle lo que hacía a Kan, pero, además, también influyó el que mi hermana viva fuera. Con el blog, me ahorro mails –explica esta internauta-. Además, me permite hacer muchas más cosas, como elaborar listas de lirbos que leo o quiero leer, de canciones que me gustan; puedo incluir enlaces a webs, subir música y compartir fotos y vídeos. Y tanto Kan como mi hermana y el resto de mis contactos pueden dejarme un post. Es más enriquecedor que un simple mail”.

Ésta no es su única experiencia en Internet; suele chatear con amigos casi a diario; mantiene un fotoblog en Flickr, en el que cuelga todas sus vacaciones y fiestas de cumpleaños; y ahora unas amigas la acaban de convencer para que se abra un perfil en MySpace. “Había probado con Meetic y Match, pero no me gustaron. Me apunté para conocer gente pero estaban completamente enfocados a encontrar pareja e…¡iban muy a saco! En cambio, MySpace –asegura la_minouche, el nick que utiliza esta barcelonesa en internet - es ante todo una red de amigos, de amigos de amigos. Y me atrajo el hecho de poder ampliar mi círculo de amistades”. En su perfil, están todos sus datos personales, desde su nombre real y fotografía, hasta sus aficiones, sus gustos, cuál es su película favorita o el nombre de su gato. Ahora, además, ha publicado su currículum académico y profesional en Facebook.

“En cierta forma, hay un punto exhibicionista en todo esto -considera la_minouche y reconoce que “es una forma de decir ‘mira qué guay que soy, cuántas cosas he hecho y a cuántos sitios he ido’. Tengo fotos en varias webs de viajes y cuando me destacan en alguna, me siento superorgullosa”. Pero, puntualiza, “es también una forma de buscar tu propio target de amigos, de encontrar a gente que es como tú y de ayudar a los demás. A lo mejor alguna de las cosas que cuento en mi blog puede ser útiles para otro”. Para Karrye, otra internauta que decidió abrir su propio fotoblog en mayo pasado, “¡Es muy, muy divertido! Me animaron unos compañeros de trabajo y la verdad es que me lo paso superbien. Empecé un poco para enseñar mi trabajo fotográfico, aunque, la verdad, cada vez lo fui personalizando más y más. Ahora tengo muchas fotos mías y de mis amigos y me encanta leer los comentarios que la gente me deja, saber si les han gustado mis fotos o no, qué opinan, cuál es su favorita.”

Mirar y ser mirado

La_Minouche y Karrye son tan sólo dos de los millones y millones de internautas que cada día alimentan ese organismo vivo que es internet. Sus historias, sus pensamientos, sus ideas, sus palabras y sus imágenes se diluyen en los peta tera bytes que a diario engordan la Red de redes. Y es que a los seres humanos nos gusta ver y ser vistos, y, en este sentido, Internet te da alas. Motivados por una especie de necesidad vital de autoestima, de valoración, de reafirmación, de control, de vanidad e incluso de inmortalidad, coleccionamos y almacenamos memorias, experiencias, recuerdos, retazos de cotidianidad, para así poder llevar un recuento de nuestras vidas. O quizás, simplemente, un registro vital por razones meramente prácticas.

Hasta hace poco, invitábamos a los amigos y familiares a ver el vídeo de nuestra boda; el álbum de las vacaciones o las fotos de la comunión del niño; y encima de la mesa de la oficina lucía una foto de nuestra familia al completo. Ahora, ese ejercicio de “exhibicionismo público” que antes practicábamos en petit comité, se multiplica ad infinitum gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y herramientas, sumamente fáciles de usar y muy populares: desde el software para crear un blog o un fotoblog, hasta los lápices de memoria que permiten transportar gigabytes de información, pasando por los teléfonos móviles con cámaras de alta definición incorporadas y otros muchos gadgets con los que atrapar y ‘colgar’ parcelas de nuestras vidas. ¿El destinatario? Nosotros mismos, nuestro círculo de amistades o, por qué no, el mundo entero.

“Hay mucha gente que siente la necesidad de exhibirse delante de los demás e internet es un medio que permite hacerlo de forma más discreta, sin sentirse cohibido- considera Francesc Canals, director del Observatorio de Internet-. Abren páginas webs personales en las que cuelgan sus fotos de viajes, las de sus parejas, las de sus fiestas… Esta necesidad de exhibirse siempre ha existido, mucho antes que internet, y la progresiva incorporación de tecnologías ha hecho que se haya ido diversificando”. Pero de la misma forma hay muchas personas a las que les gusta mostrar, también hay a quienes lo que les gusta es mirar. “De hecho, el voyeurismo electrónico es una de los fenómenos que más furor ha provocado en la Red”, añade Canals. En cambio, para Miguel Subías, presidente de la Asociación de Usuarios de Internet (AUI), que millones de internautas cuelguen sus vidas en la red tiene una lectura diferente; “no se trata tanto de exhibicionismo como de compartir. Internet se basa en la aportación de una masa de millones de persones que cuelgan textos, fotografías, vídeos y construyen la Red con sus aportaciones. Y su única recompensa es participar en esa creación”, opina.

Primero fueron los blogs, los diarios personales online, fáciles de crear y mantener, en los que millones de personas en todo el mundo vuelcan sus pensamientos, sus sentimientos y todo lo que se les pasa por la cabeza a diario. Aunque, sólo unos pocos, los más afortunados, consiguen saltar a la fama y ser visitados cada día por miles de personas, mientras que la mayoría se pierde en un cosmos de información caótico. A continuación, aparecieron los moblogs, diarios que se podían actualizar y mantener desde el móvil y que permitían hacer entradas al momento. Y por último, llegaron los fotoblogs, fotologs o flogs, que incluían imágenes además de textos, y que propiciaron un verdadero destape en masa; permitían una doble fantasía: ser observados por el ojo de la cerradura virtual a la vez que espiar vicios e intimidades ajenos. Son también otra forma de alimentar el narcisismo; los fotologeros compiten por ver quién es el más visitado y unos pocos, los elegidos, consiguen llamar la atención y convertirse en verdaderos web celebrities, como la veintiañera Natacha Merritt, que pasó de exhibir sus desinhibidas fotos eróticas en su flog (www.digital-diaries.com) a publicar un libro en varios idiomas con la editorial Taschen.

Por último, llegaron los perfiles en webs como MySpace, Meetic, Match, eConozco, Facebook o LikedIn, y la revolución del vídeo con YouTube. Sin intermediarios, ni censores -al menos por ahora- con libertad para publicar lo que uno quiera; todo el mundo puede tener sus 15 megas de fama. Tanto es así, que desde hace poco más de un año, este tipo de páginas está experimentando un verdadero boom, alimentado en parte por el empuje de la Web 2.0, la web social, que es la segunda generación de servicios basados en Internet. Y los expertos vaticinan que esto es sólo el principio. “La clave del éxito está en la sencillez de las nuevas tecnologías, que han democratizado y popularizado su uso –explica Fernando Garrido, subdirector del Observatorio de la cibersociedad e investigador en The Cocktail Analysis-. Las herramientas son tremendamente fáciles de usar y hacen que cualquier persona pueda tener un blog o un fotoblog”. Y es que, con sólo dos clicks, puedes colgar una imagen o actualizar tu diario.

Los peligros de la Red

Estas redes sociales, tejidas segundo a segundo por los usuarios, nos reconectan con amigos que creíamos perdidos; nos acercan a personas con perfiles muy similares al nuestro; nos ayudan a establecer amistades y también relaciones laborales. Y con algo de suerte, nos presentan posibles parejas. Además, estas webs funcionan como una plataforma de autopromoción para ser la persona que queremos ser; para que los demás nos vean como queremos que nos vean. Hay quienes alertan sobre la posible violación de la intimidad que supone que colguemos información personal en este tipo de webs, pero lo cierto es que en estas redes sociales sólo compartimos aquello que queremos compartir; enseñamos sólo nuestras mejores fotos: ponemos sólo nuestra mejor cara; dejamos que el otros deje comentarios en nuestros espacios personales sólo si nos parecen oportunos.

“Mis álbumes de fotos en Flickr están ordenados por grados de privacidad. Hay algunas fotos que sólo puedo ver yo; otras que sólo tengo para mis contactos de messenger;
y las más neutras, que me gustan pero ni salgo ni yo ni nadie de mi entorno, son accesibles para todo el mundo. Supongo que en el fondo soy celosa de mi intimidad”, explica la_minouche. “En mi fotoblog sólo pueden dejarme un comentario aquellos usuarios que tengan otro flog dentro del mismo servidos –explica Karrye-. Yo puedo bloquear comentarios que me parezcan ofensivos y también a un determinado usuario para que no pueda entrar nunca más. Es más, si encuentro algún contenido, algún texto o foto que sea ofensivo, puedo denunciarlo. En este sentido, creo que la política de defensa del usuario es bastante buena”.

No obstante, en muchas ocasiones, los usuarios no son completamente conscientes de la repercusión que puede tener la información que cuelgan en la red. ¿Para qué querría alguien mirar las fotos de tu boda, o leer qué te pareció la última película que fuiste a ver? “Tus fotos familiares pueden acabar como fondo de pantalla de móvil de otra persona en la otra punta del mundo –alerta Canals, del Observatorio de Internet-. Los motores de búsqueda de las páginas de descarga de fotos rastrean la web y van cogiendo las fotos que encuentran a su paso y las incorporan en sus bases de datos”. Tampoco sería extraño ver una foto privada usada en publicidad. “Ya se han dado varios casos, de personas que al abrir una revista descubren un anuncio en el que hay una imagen suya o que han hecho ellos -asegura Fernando Garrido, del Observatorio de la Cibersociedad -. Lo mismo ocurre con los blogs. Hay quienes han plagiado textos que luego han publicado en revistas o diarios”.

Aunque, quizás uno de los aspectos más inquietantes de la privacidad en internet se da en el ámbito de las relaciones sociales. “Nos encontramos con estudios –asegura Garrido - que recogen cómo los departamentos de recursos humanos de las empresas comienzan a utilizar Google como herramienta para obtener datos extra de los candidatos, sin que estos hayan dado su aprobación y ni tan siquiera estén enterados”. A través del blog, del perfil en Facebook, el posible futuro jefe puede haber visto fotos de las vacaciones de sus candidatos, saber qué ideología política tienen, qué películas les gustan, qué aficiones tienen y, en general, cómo piensan. “La gente no es consciente del uso que se puede dar a esa información -alerta este investigador-. Pero es un tema sumamente serio, que origina problemas de forma mucho más frecuente de lo que pensamos. Antes de colgar nada en la red, hay que pensar en las repercusiones. ¿Queremos que los demás lean qué opinamos sobre tal o cual? ¿Que vean las fotos de casa? De ahí la importancia de la conciencia social”.

Los amigos de mis amigos, ¿son mis amigos?

Y entre tanta oferta, entre tantísimas iniciativas, cada vez triunfan más, paradójicamente, aquellas que nos muestran tal y como somos, que nos despojan de nuestros ‘yos imaginarios’. Con nuestros nombres, nuestra foto, nuestra profesión y edad… reales. Es el caso de Facebook, una red social de universitarios estadounidenses que nació en 2004, que ha crecido extremadamente rápido y se ha consolidado como la segunda plataforma de este tipo de servicios, sólo tras MySpace. Según ComScore, una empresa que se dedica a realizar estadísticas de audiencias en Internet, Facebook pasó de 14 millones de visitantes únicos en mayo de 2006 a 26,6 en el mismo mes de este año (sólo de los EEUU en ambos casos).

El éxito de Facebook radica en que es un ‘tres en uno’: realiza las funciones de Flickr, YouTube, Del.icio.us y de otros muchos servicios de la web 2.0, y todo integrado en una sola plataforma. El usuario de Facebook puede organizar sus círculos sociales y decidir en cada momento quién tiene acceso a qué información y restringirla, de manera que sólo los amigos íntimos, por ejemplo, puedan ver las fotos de las últimas vacaciones. Facebook ya cuenta con 47 millones de perfiles –aunque crece a razón de 200.000 usuarios al día-, una nimiedad en comparación con los 110 millones de páginas de perfiles de MySpace, que en España tiene 600.000 usuarios registrados y otro millón de visitantes ocasionales.

“Las [webs sociales] que triunfan son aquellas que permiten gestionar de la mejor manera el recurso más escaso: el tiempo”, considera Miguel Subías, de la AUI. “Ahora se vende un concepto –prosigue- que es que los amigos de mis amigos son mis amigos. Pero no funciona, porque cuando no tienes control sobre eso, no te sirve y te hace perder el tiempo. ¿Para qué quiero yo tener centenares de contactos a los que no conozco ni sé si tengo algo en común? ¿Realmente estoy interesado en tener cada día 200 mensajes nuevos de gente que no sé quién es? El Messenger, por ejemplo, permite gestionar rápido y mejor las relaciones”.

Adolescentes exhibicionistas

Francesc Canals, director del Observatorio de Internet, alerta de una práctica muy común entre los adolescentes. La facilidad de las nuevas tecnologías y la inmediatez del medio unido hace que muchos jóvenes hagan trueques en la red: recargas de móviles por desnudarse ante webcams en directo o incluso masturbarse. “Es un práctica muy común. Basta conectarse cinco minutos a determinadas webs para encontrar ofrecimientos de este tipo”. Y es que el exhibicionismo y el vouyerismo con tintes sexuales causa furor en la web. “Triunfa el modelo de porno doméstico en el que una pareja se exhibe sexualmente ante la webcam o graba vídeos que luego cuelga”, indica Canals.

Lujo, calma y exclusividad

Mientras la mayoría de mortales se conforma con tener un perfil en MySpace, en LinkedIn, o en Meetic, la jetset ha trasladado su mundo de lujo y exclusividad a internet. Se trata de SmallWorld, el Facebook de la élite, un sitio por el que se pasean Naomi Campbell, Paris Hilton o Quentin Tarantino. Este pequeño mundo tiene una particularidad y es que está cerrado. Su página de inicio advierte: “SmallWorld es una comunidad online privada destinada a aquellos que ya tienen una relación sólida con otros miembros”. Como si se tratara de un club privado del mundo real, para entrar a formar parte de SmallWorld hace falta una invitación

Aquí los fabricantes son también de ultralujo, que alquilan jets privados, bancos suizos, fabricantes de relojes que cuestan un brazo, apartamentos gran lujo en ciudades como Nueva York, París o Londres. De momento, cuenta con 225.000 miembros. Es también una bolsa de empleo de alta gama entre personas de buena compañía, el sitio es para abogados de negocios o grandes financieros. También organiza fiestas, algunas de ellas memorables, como la que ofreció en Saint Tropez y que hizo las delicias de famosetas como Paris Hilton.

Algunas webs relacionadas

Facebook. Es una red social creada para poder seguirle la pista a los compañeros del colegio o de la universidad, enviarles fotos o mensajes, y retomar la amistad. Comenzó en la universidad de Harvard como una herramienta creada para quedar con otros estudiantes. Claramente diseñada, elegante y cómoda, los usuarios de Facebook suelen usar sus auténticos nombres y apellidos, declaran su sexo y edad reales, y su verdadera profesión. La identidad en Facebook es un valor que permite ser reconocido por el resto de usuarios, ya sea porque se comparten amigos comunes o intereses profesionales. La suelen usar, sobre todo, mayores de 35 años para establecer relaciones personales. Cuenta con la ventaja de que en el momento en que eres ignorado por el resto de los usuarios, dejas de existir. Sólo con el consentimiento de un usuario se puede acceder a tus datos o tu perfil. El algunos países, sobre todo del norte de Europa, el número de usuarios con un perfil en Facebook supera en un ratio de uno a cuatro a los de MySpace. Facebook ha demostrado que la mejor forma que tiene la red social de lograr la comunicación entre los usuarios es dejarles un espacio de intimidad personal.

Wamba. Es la versión latina de sitios como MySpace, Flickr o Facebook. Facilita la comunicación entre amigos, conocer gente nueva, compartir contenidos audiovisuales, tener un blog o buscar antiguos compañeros de clase. Saltó a la red a comienzos de 2007 desde Palma de Mallorca. En la actualidad, ya cuenta con más de un millón de usuarios registrados, procedentes de España, Latinoamérica, Francia e Italia, según los datos de la empresa, que asegura que recibe unos 200.000 nuevos socios al mes. Está traducida al alemán, italiano inglés y francés, cuenta con un canal de televisión por Internet (Wamba TV, con sede en Madrid), donde se emiten reportajes, documentales y entrevistas sobre temas que interesan al público joven que visita esta página.

YouTube. Como tantas otras, la historia de YouTube arranca en un garaje de California en Silicon Valley, cuando tres ex trabajadores de la firma de pagos por la Red PayPal investigaban cómo fragmentar un vídeo casero. Así surgió YouTube. Con el lema ‘broadcast yourself’, algo así como ‘difúndete a ti mismo’, la simplicidad de esta herramienta y la inmediatez han propiciado que los internautas se lanzaran a subir millones de vídeos caseros, grabaciones de la tele, vídeoclips, montajes humorísticos y todo aquello que se les pasara por la cabeza. Según la propia compañía, cada día se cuelgan alrededor de 70.000 nuevos clips, que circulan por la red a toda velocidad. Y, de media, del megavideoclub que es YouTube, se visionan a diario hasta 100 millones de vídeos.

YouTube es, además, un medio excepcional para difundir mensajes y campañas. De ahí que las agencias de publicidad lo hayan comenzado a utilizar. Es lo que se conoce como ‘marketing viral’; uno de los ejemplos más sonados y recientes fue el vídeo del robo – ficticio- de la silla del escaño de Zapatero. Se trataba de un montaje de la agencia Tiempo BBDO para promocionar una campaña de la ONU. Esa misma agencia ya había dado otro 'pelotazo' antes, también en YouTube, con la famosa canción 'Amo a Laura', que, en realidad, era una promoción de MTV.

 



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(c) Cristina Sáez, 20/11/2008